La batalla diaria

Me despierto soñando que el día de hoy voy a ir directo al trabajo, llegaré a la oficina y un proyecto de gran envestidura me estará esperando, me sentaré a diseñar tal magnífico edificio. A la hora de la salida me toparé con alguna hermosa mujer, conversaremos y descubriremos que somos el uno para el otro. Llegaré a mi hogar y en las noticias aparecerá que ya no existe ni la violencia ni la crisis.
Se suben al cuadrilátero la realidad y las expectativas. La pelea no dura ni 2 minutos. La realidad ha ganado de manera rápida y contundente a mis expectativas. Me alegra no haber apostado todo. Lo bueno es que mañana hay otra pelea, y el día siguiente, y el que le sigue. Tal vez soy un pésimo apostador pero le tengo fe a las expectativas. Algún día, algún día.

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